Quería amanecer con ella, no lo hizo muchas veces, pero le encantaba sentir su presencia en la almohada.
Quería guardar en su alma cada momento que vivían juntos.
La penetró sin poder contenerse, Mora lo había extrañado demasiado y al sentirlo, tan apasionado, llegó al delirio en unos minutos.
-Te amo, nena, te amo.
-Síii, yo también, te amo, te amo.
Ella tampoco pensaba, solo decía lo que sentía.
Piero la miró, temblaba tanto como ella y al escuchar que le decía que lo amaba, fue el mimo que e