Se encontraron en la puerta del restaurante más exclusivo de la zona.
Las chicas tenían puesto tapados largos, no eran muy gruesos, pero servían para cubrirlas de la suave brisa nocturna que se hacía sentir.
Al sacarse los abrigos, los dos primos quedaron deslumbrados.
Eran bellas, sí, pero aparte tenían esa frescura de la juventud.
Piero no podía dejar de imaginarse el tenerla nuevamente en sus brazos, estaba su hija presente y él apenas podía disimular la atracción casi animal que sentía por