Piero entretuvo a su hija con unos juegos, pero su mente estaba muy lejos de allí.
Casi la tenía, aunque sabía que más allá de lo que Mora sentía, no hubiera sido fácil convencerla para que vayan a su departamento.
En cuánto su hija se distrajo, él llamó por teléfono a Mora, quería saber si ella había
llegado bien, suponía que estaba alterada.
-Sí, gracias.
La jovén cortó enseguida.
Estaba pensando que no podía ir más a la mansión, era muy arriesgado, se iba a involucrar con Piero y eso era u