Mora pensó que la niña no tenía la culpa de sus sentimientos y si su padre no iba a estar, la tentación no existía.
Piero estaba feliz, pero quiso hacer creíble su mentira, por lo que le dijo a su hija que tenía mucho trabajo e iba a la oficina.
La niña se quejó, porque quería estar con él.
-Recién hablé con Mora, en un rato está acá, almuerzan juntas y luego van a la piscina, recordá que sola no podés estar allí.
-Sí papito, pero me gustaría estar con los dos, vení rápido.
Piero sonrió, esa er