La semana transcurrió rápido. Dantes hacía todo el trabajo desde casa para vigilar a Lirio y asegurarse de que se recuperara. Ya se veía mucho mejor, y no quedaba rastro de las heridas en su piel. La señora Marcela también se ocupaba de ella con todo el cariño del mundo.
—El avión estará listo en cuatro horas —murmuró el príncipe, saliendo del baño envuelto en una toalla mientras se secaba el cabello con otra—. Al llegar a Italia, mis hermanas te estarán esperando. Están muy emocionadas por tu