Dos semanas más tarde, Lirio despertó en un ambiente que olía a sus flores favoritas: jazmín. Las hermosas flores se acumulaban en una pequeña mesa e incluso en las esquinas de la habitación del hospital. Sus ojos se adaptaban poco a poco a la luz que se filtraba por el ventanal, donde se encontraba Dantes, mirando la ciudad como si fuera el rey de ella.
En un intento de moverse, deja escapar un gemido por el dolor en su costado, resultado de una herida que todavía sigue sanando. Dantes, al esc