Damon
Un ruido sordo resuena en la casa. Mi mirada se oscurece de inmediato.
— Está aquí...
Me levanto de un salto, mi cuerpo tenso como una cuerda lista para romperse. Un olor familiar flota en el aire: el de la sangre, mezclado con esa aura helada propia de Caelan.
Cruzo el pasillo en un abrir y cerrar de ojos, mis garras desplegándose instintivamente. Alina abre la puerta de la habitación, su rostro aún marcado por el sueño.
— Damon?
— Quédate aquí.
— ¡No! Voy contigo.
Apreté los dientes. Su