Alina
Ezra me entrena a través de los oscuros pasillos del viejo mansión. Las antorchas colgadas en las paredes proyectan una luz temblorosa sobre las frías piedras. Damon nos sigue a distancia, su respiración entrecortada. Aún está débil, pero se niega a dejarme sola con Ezra.
— ¿A dónde me llevas? —pregunto, con el corazón latiendo fuerte.
— A donde todo va a comenzar —responde Ezra en un tono frío.
Se detiene frente a una pesada puerta de hierro marcada con símbolos antiguos. Pasa su