Alina
El viento frío acaricia mi rostro, un soplo helado que parece barrer el calor de lo que acabamos de atravesar. La claridad, ahora devastada, está en silencio, apenas perturbada por el susurro de las hojas muertas. El olor de la sangre aún flota en el aire, pegajoso y acre. Aprieto los puños, sintiendo las cicatrices de la batalla impregnando mis músculos todavía tensos.
Damon está a mi lado, su mirada fija en el horizonte. No dice nada, pero sé que siente la misma pesadez que yo. La a