Alina
El cielo aún está teñido de rojo oscuro cuando llegamos al refugio. El olor a sangre flota en el aire, una mezcla opresiva de hierro y cenizas. Damon camina a mi lado, el brazo izquierdo cubierto de sangre seca, pero no dice nada. Su mandíbula está tensa, su mirada perdida en el vacío.
Me detengo frente a la puerta de madera maciza que marca la entrada del refugio subterráneo. Lucien abre el paso con un gesto rápido, pero su mirada oscura sigue fija en Damon.
— Deberías hacerte ver, dice