Alina
El silencio en la mansión es casi opresivo. Desde la partida de Damon, una tensión sorda se ha instalado en el aire, como si el edificio mismo contuviera la respiración esperando su regreso.
Estoy sentada en el gran sofá de la sala, con las piernas dobladas bajo mí, una manta sobre mis rodillas. La luz tenue de las lámparas proyecta sombras en la habitación, pero no logro sentirme segura. No cuando Damon está allá afuera, enfrentándose a ese hombre — Dominic.
El nombre de Dominic me quema