Valeria despertó en su propia cama con el cuerpo completamente adolorido. Eran las 5:47 de la mañana. Las marcas plateadas ahora le cubrían los brazos, parte de la espalda y bajaban hasta sus muslos. Apenas podía moverse sin sentir que la piel le ardía.
Se levantó con dificultad y se miró al espejo. Tenía los labios hinchados y los ojos rojos de haber llorado. Parecía que había sido golpeada, aunque nadie le había puesto una mano encima… al menos no en este mundo.
Su teléfono vibró. Era un mens