Mateo y Johanna regresaron a casa caminando lentamente, tomados de la mano. La pequeña Valeria dormía en brazos de su padre, agotada después de un día lleno de emociones.
Al entrar, la casa estaba en silencio. Solo se escuchaba el tic-tac del reloj de la sala.
Mateo acostó a su hija con cuidado y se quedó un momento mirándola dormir. Johanna se acercó por detrás y lo abrazó.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
Mateo se giró y la abrazó con fuerza.
—Estoy… vacío —admitió—. Pero no es un vac