La cabaña amaneció cubierta de nieve. Durante la noche había caído una tormenta fuerte y ahora todo estaba blanco y en silencio.
Valeria abrió los ojos sintiéndose destrozada. Tenía la garganta irritada de tanto gritar la noche anterior y las marcas plateadas le ardían como nunca. Se tocó el cuello con cuidado y sintió que las líneas se habían extendido hasta sus hombros.
Mateo ya no estaba en la cama. Escuchó ruido en la cocina y el olor a café recién hecho.
Se levantó con dificultad y se puso