En su tercera o cuarta visita volvió a dejarle dinero a Eva. Ella intentó ofenderse, protestar, pero Marcos no quiso escucharla.
—No quieres que te alquile un piso yo mismo —dijo con firmeza—. Busca algo por tu cuenta. Pero tienes que irte de aquí. Este tugurio no resiste ninguna crítica.
—No puedo —se obstinó Eva—. Alquilamos juntas con Iria, la dejaría tirada. Sola no puede permitírselo.
—Entonces alquilad algo más decente.
—Iria no aceptará.
Iria, Iria… Claro que aquella pelirroja escrupulos