Seguía doliendo.
Aunque Eva sabía desde el principio que sus sentimientos por Marcos estaban condenados, que cada una de sus visitas sería la última y que el propio Marcos en su vida no era más que una coincidencia inexplicable, él volvía a aparecer una y otra vez. Y entonces todos los argumentos razonables se retiraban, llevándose consigo también los pensamientos sensatos.
Irina la regañaba, la persuadía, la insultaba incluso, pero no conseguía nada. Eva seguía dejándole entrar en su habitació