— Pablo, ¿por qué no podemos arreglar este asunto entre nosotros? ¿De verdad tengo que hablar con tu…? — **Adrián** frunció el ceño con fastidio, dándose cuenta de lo que acababa de soltar, mientras del altavoz llegaba la carcajada del mayor de los Del Río. — Quería decir, con tu hijo. Basta ya, Pablo, mira que te va a dar otro infarto si sigues riéndote así. No tengo ni tiempo para comer, estoy hasta el cuello con esta licitación y encima tu hijito… ¡Eres un cabrón, Del Río!
Colgó, soltó una m