Valmont miraba pensativo las largas vitrinas llenas de dulces.
— ¿Su niña no es alérgica al chocolate? ¿O a la clara de huevo? — preguntaba con paciencia la dependienta, mientras Adrián pensaba que su vida empezaba, a pasos agigantados, a volverse… humana.
Hace unos días había armado un escándalo en casa. Hoy estaba comprando golosinas. Y cada noche corría a casa para llegar a tiempo a la cena. Recordó cómo brillaron los ojos de Maria cuando apareció puntual, y casi sonrió abiertamente, pero se