Capitulo 31

Puntualmente a las dieciocho en punto llamaron a la puerta de la habitación, y Eva, con el corazón retumbándole en el pecho, se acercó a abrir. Por supuesto, no era **Adrián Valmont**, sino uno de sus hombres de seguridad.

— El señor Valmont la espera, Evangelina. ¿Está lista?

Ella solo asintió, incapaz siquiera de mover la lengua. Así no podía seguir. Tenía que controlarse; estaba nerviosa como si fuera a una cita. Era solo una cena, fuera cual fuera el plan de Adrián.

Se miró en el espejo y c
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