Capitulo 30

Eva nunca había estado tan nerviosa; ahora le temblaban literalmente las piernas. De vez en cuando miraba de reojo al espejo, pero solo veía a una desconocida deslumbrante y fascinante que asomaba asustada bajo una cascada de cabello cuidadosamente peinado, y cada vez se preguntaba qué hacía ella allí.

— El vestido de Eva está increíble —dijo Lika, una rubia alta con bronceado artificial, sin ocultar la envidia.

— ¡Claro! —añadió Ximena—. Si fueras la favorita de Bruno, también tendrías uno así
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