Capitulo 20

Marcos despertó sobresaltado, como si alguien lo hubiera pateado, y durante unos segundos no pudo entender por qué el cuerpo le dolía como si tuviera cien años.

Miles de agujas se le clavaron en las plantas de los pies; encogió las piernas entumecidas y empezó a masajearlas, mientras aguzaba el oído.

En el salón reinaba el silencio. Seguramente Eva seguía dormida.

Y ese pensamiento volvió a golpearlo con dolor: todo estaba mal, absolutamente mal. Ella no debía estar durmiendo sola allí, mientra
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