El ambiente en la habitación se había cargado de tensión. María José sintió su corazón latir con fuerza en su pecho mientras intentaba procesar lo que Isaac le había dicho. No quería creerle, no podía permitirse bajar la guardia, pero sus ojos… Sus ojos reflejaban algo demasiado sincero.
—No sé qué esperas que haga con eso —dijo ella finalmente, cruzando los brazos en un intento de protegerse de lo que sentía.
Isaac la observó en silencio por un momento antes de responder con calma:
—No espero