Capítulo 88: El dolor no se desvanece.
José Manuel sintió cómo esas palabras lo golpeaban con una brutalidad inesperada. Su corazón latía con violencia, con un peso insoportable de culpa. De repente, se sintió pequeño, insignificante frente a todo el daño que había causado.
—Lo siento… —susurró con la voz temblorosa, y la angustia lo atravesó como un cuchillo—. Dios, Eliana, lo siento tanto.
Sus labios temblaron al hablar. Nunca en su vida había sentido algo así. Había enfrentado negocios millonarios, tomado decisiones que afectaban