El día había comenzado con su ritmo habitual en la oficina, con Eliana revisando informes y ajustando detalles del proyecto que habían comenzado a trabajar en conjunto. La presión sobre sus hombros era palpable, pero era algo que ya había aprendido a manejar con el tiempo. Lo que no había anticipado era la llegada de Alejandro, quien irrumpió en la oficina con su característica sonrisa confiada, y una taza de café humeante en la mano.
—Buenos días, Eliana —saludó Alejandro, su tono amable y cer