Eliana regresó a su asiento con la cabeza en alto, pero por dentro su sangre hervía. El veneno en las palabras de Samantha todavía le daba vueltas en la cabeza. Sabía que ella no estaba ahí solo para apoyar a José Manuel, sino para marcar territorio.
—Bien —intervino el moderador—, reanudemos la negociación.
José Manuel la miró de reojo. Notó la tensión en sus gestos, el modo en que su mandíbula estaba apretada y cómo sus dedos tamborileaban sobre la mesa. Algo había pasado durante el receso.
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