Eliana no había dormido en toda la noche. Caminaba de un lado a otro en la habitación, con los brazos cruzados y el corazón latiéndole como si quisiera escaparle del pecho. La ansiedad no le permitía pensar con claridad. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Samuel aparecía frente a ella: su sonrisa, su risa ingenua, su manera de observarlo todo como si el mundo apenas se estuviera abriendo ante él. Y, sobre todo, la forma en que se aferraba a ella sin saber que lo hacía con su propia mad