La casa permanecía en un silencio sereno, interrumpido solo por el suave murmullo del viento contra las ventanas y el canto lejano de un pájaro madrugador. José Manuel, de pie en la cocina, aún sostenía la taza de café que ya no bebía. La mirada levemente perdida, el cuerpo anclado, pero el pensamiento en otra habitación… en otro tiempo. No podía sacudirse el recuerdo de lo que había pasado la noche anterior, de la piel de Eliana junto a la suya, de su mirada abierta, de la forma en que sus cue