El reloj marcaba casi la una de la madrugada. En la sala, el silencio reinaba, apenas interrumpido por el leve zumbido del refrigerador y el suspiro profundo de José Manuel mientras se acomodaba en el sofá. Había colocado una manta sobre su cuerpo y una almohada bajo la cabeza, pero el cansancio no dejaba de pulsar en su espalda y hombros. Se removió un poco, intentando hallar una posición más cómoda. Su cuerpo le pedía descanso, pero su mente seguía anclada en todo lo vivido durante el día: el