La tenue luz del amanecer comenzaba a colarse por los bordes de las cortinas cuando Isaac abrió los ojos. Había dormido, sí, pero no profundamente. El descanso había sido frágil, interrumpido por pensamientos que nunca cesaban del todo, pero al menos su cuerpo lo agradecía. No quiso moverse de inmediato. Permaneció recostado unos minutos, escuchando la respiración suave de Gabriel a su lado. Verlo dormir tan plácidamente era el único consuelo que tenía por ahora.
Se incorporó con lentitud para