El sol apenas comenzaba a despuntar por el horizonte cuando Eliana abrió los ojos. La habitación estaba silenciosa, bañada por la luz tenue de la mañana. Se sentó lentamente en la cama, acomodando con suavidad a Samuel a su lado. El niño dormía tranquilo, con una pequeña sonrisa en los labios y una de sus manitas aferrada a la manta. Sin embargo, algo no se sentía bien.
Miró alrededor con un ligero ceño fruncido. José Manuel no estaba allí. La silla en la que solía estar sentado nada más ella d