Se levantó de la cama tambaleándose, cruzó el cuarto hasta el pequeño tocador y se miró en el espejo.
La mujer que la observaba desde el otro lado del cristal no era la María José de antes.
Esta mujer estaba más delgada, sus ojos estaban hundidos, su piel pálida, sus labios partidos.
Sin embargo, en sus ojos, aún brillaba algo:
Fuerza.
Determinación.
Se limpió las lágrimas con la manga del suéter.
Tal vez era momento de replantearlo todo.
Tal vez debía seguir el tratamiento… pero por ella misma