El silencio de la casa, tras la partida de José Manuel y Samuel, se sentía más profundo que nunca. María José permanecía sentada en el sofá, inmóvil, como si el simple acto de levantarse exigiera una fuerza que ya no tenía. Sus ojos estaban fijos en la puerta cerrada, pero su mente viajaba lejos, atrapada en un recuerdo que ahora dolía más que nunca: Isaac refiriéndose a ella… como a una simple niñera.
Ni siquiera había tenido el valor de mencionar que Gabriel era su hijo. Su hijo. ¿Cómo era po