Isaac pasó la noche en vela. No podía dejar de pensar en la conversación con su hijo. Las palabras de Gabriel se repetían en su mente como un eco interminable, llenándolo de culpa y dudas. ¿En qué momento había descuidado tanto a su hijo? Siempre había jurado que él sería su prioridad, pero ahora se daba cuenta de que lo había dejado de lado sin siquiera notarlo.
Cuando amaneció, se levantó con un suspiro pesado. Miró la habitación de Gabriel, pero la puerta estaba cerrada. Sabía que su hijo es