Quedémonos.

Fue casi desconcertante la rapidez con la que trabajaron las chicas.‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎

Amanda Rivas lo pensó mientras permanecía sentada, con la espalda recta y las manos apoyadas en los muslos, intentando no moverse ni un centímetro.‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎

No se habían detenido ni un segundo desde que comenzaron. Pinceles, brochas, horquillas, spray, calor del secador… todo se había sucedido con la precisión de un reloj que no admite errores.‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎‎‍‍‍‍‍‎ ‏‏‎‎

Hora y media exacta
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