Lo que tú digas, mi amor.
Amanda llegó a casa sintiendo el cuerpo pesado, como si cada músculo siguiera atrapado en el terror de las últimas horas.
Noah dormía profundamente en brazos de Ethan, agotado después de tanto llorar, con la mejilla hundida en el hombro de su padre.
Dormido se veía todavía más pequeño, más frágil, y eso a Amanda le revolvía el alma. Le costaba creer que, después de todo, lo tenía otra vez con ella.
La puerta se abr