Es hora de tener todo de vuelta.
Daniel soltó otra carcajada que retumbó por toda la habitación.
Seguía cerca, sí, pero no lo bastante como para que ella pudiera lanzarle la patada que llevaba rato ensayando en la mente.
—Se me olvidaba que ahora eres millonaria, te podría pedir el monto que a mí se me plazca y me lo darías sin importar nada, ¿cierto? —Amanda estuvo a punto de decirle que sí, que hablara de una vez, que pusiera una cifra y desapareciera de su vida—. Pero, pa