—Tía Luna, necesito tu ayuda.
Sofía apareció en la puerta de la cocina con una libreta bajo el brazo y una expresión que yo ya conocía bien. Era la misma que había visto la primera vez que encerró a Adrián y a Valeria en el salón de los espejos. La misma que usaba cuando planeaba un golpe de Estado en la mansión.
—¿Qué pasa ahora, Sofía? —pregunté, dejando el té sobre la mesa.
—Es una emergencia de grado tres —dijo, plantándose frente a mí con la libreta abierta—. Mi papá Adrián y Valeria van d