No le habíamos dicho nada todavía.
Sebastián y yo habíamos tomado esa decisión juntos la noche anterior, sentados en la cama con Matías dormido en su cuna y el test de embarazo todavía sobre la mesita de noche como si ninguno de los dos hubiera terminado de creer del todo que era real. Esperar un poco. Disfrutarlo solos unos días. Dejar que la noticia respirara antes de compartirla con el mundo.
Duró exactamente catorce horas.
Porque a la mañana siguiente, mientras desayunábamos los cuatro en l