No recuerdo haber respirado después de escuchar aquellas palabras.
"La mía."
La firma.
Sebastián reconocía aquella firma.
Mi corazón comenzó a golpear con tanta fuerza que apenas podía escuchar lo que ocurría alrededor.
La sala seguía llena.
El juez continuaba hablando.
Los abogados tomaban notas.
Pero para mí todo se había reducido a una única pregunta.
¿Cómo era posible?
Miré el documento.
Luego a Sebastián.
Y después a Ismael.
Los dos tenían exactamente la misma expresión.
Preocupación.
Una