La palabra momento aún flotaba en el aire cuando la presión llegó.
No fue un dolor agudo. Fue una sensación de pesadez, un ancla instalada en la zona lumbar que se extendía hacia el vientre como una ola lenta. Cerré los ojos. Respiré hondo, como me habían enseñado en el hospital. Pero esta vez no era un paciente. Esta vez era yo.
—Luna.
La voz de Sebastián ya no era la del hombre que se despertaba de golpe. Era otra. Más grave. Más atenta. La voz de quien está escuchando cada detalle de tu resp