La invitación de Camila seguía sobre la mesilla cuando desperté.
La luz del amanecer se filtraba por las cortinas, dibujando líneas doradas sobre el papel satinado. La letra redonda y perfecta brillaba como una advertencia silenciosa. «Celebremos tu victoria, Lunita. Pongámosle fin a esto de una vez. Mañana, donde empezó todo. La cafetería de siempre. Solas, como dos amigas. —C.»
Sebastián ya estaba despierto. Lo vi de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la silueta recortada contr