La mañana de la vista judicial amaneció gris.
Me preparé en silencio, con las manos temblorosas y el corazón golpeándome el pecho. No era solo por la casa. Era por ella. Por Camila. Porque sabía que hoy la vería cara a cara por primera vez desde su detención. Y no sabía si estaba preparada.
—Luna.
Sebastián apareció en la puerta del vestidor. Llevaba un traje azul oscuro que le sentaba como una segunda piel y el gesto sereno de quien ha decidido no tener miedo. Se acercó y me tomó del rostro co