Los días siguientes fueron extraños. La desaparición del testigo había dejado una sombra sobre la mansión que no se disipaba con la luz del sol. Quiroga había reforzado la seguridad con guardias adicionales y patrullas más frecuentes, pero yo sabía que no era suficiente. Si alguien dentro de la casa había filtrado la información, ningún guardia adicional podía detenerlo. Era como tratar de cerrar todas las puertas de una habitación que ya tenía una ventana abierta.
Sebastián pasaba las horas en