A media mañana, cuando el sol ya había subido lo suficiente para calentar el jardín, me di cuenta de que Adrián y Valeria no los había visto dónde siempre solía verlos.
No era algo que llamara mi atención al principio. Valeria solía pasar las mañanas en la biblioteca de la planta baja, hojeando libros que encontraba en las estanterías de la familia, y Adrián solía rondar por el taller del jardín, revisando herramientas que nadie usaba desde hacía décadas. Pero aquella mañana, ambos habían desap