La noche después de la noticia de Montiel no pude dormir.
No era una decisión consciente. Era simplemente que mi cuerpo se negaba a soltarse, como si supiera que el momento de paz que habíamos vivido en el cumpleaños de Don Ernesto ya era parte del pasado. Me quedé tumbada de lado, con la almohada doblada bajo la cabeza, escuchando la respiración de Matías en la cuna de viaje junto a la cama.
El bebé se movía de vez en cuando, con pequeños gestos casi imperceptibles, como si estuviera soñando c