Nunca había entendido la expresión "estar como un pez fuera del agua" hasta que me vi reflejada en el espejo del vestidor de la mansión Del Valle.
La mujer que me devolvía la mirada no era yo.
No podía serlo.
Llevaba un vestido de seda color vino que se ceñía a mis curvas como si hubiera sido cosido directamente sobre mi piel por unas manos invisibles. El escote, pronunciado pero elegante, dejaba ver el collar de rubíes que Sebastián había enviado a mi habitación esa misma tarde junto con una n