La farmacia estaba a tres cuadras de la mansión. Podría haber pedido que alguien fuera por mí. Podría haberle pedido a Sebastián que me acompañara. Pero necesitaba hacer esto sola. Necesitaba que nadie me viera, que nadie supiera, que nadie me preguntara por qué.
Así que bajé la colina con el coche, estacioné frente a la farmacia y compré la prueba de embarazo. Fue rápido, casi mecánico. La cajera me miró con una sonrisa amable, y yo sonreí de vuelta, pero mi mente estaba en otro lugar. En el b