Capítulo 1: El contrato de los espejos rotos
El aire en la habitación 402 del Hospital Central de Shoria estaba viciado por el olor a ozono y a muerte reciente. Kaelen permanecía sentada en el borde de la cama, observando sus propias manos. Eran manos finas, de dedos largos y elegantes, pero bajo la piel, ella podía sentir la memoria del acero, la vibración de las armas y la frialdad de los cables de fibra óptica.
Esas no eran las manos de un heredero mimado. Eran las manos de un fantasma.
—Has