Cuatro años después de la detención de Chloe, la casa Hart había sido convertida en un espacio de encuentro y sanación, donde familias afectadas por el trauma se reunían para compartir sus historias. Las paredes, antes decoradas con retratos de Chloe en poses cuidadosamente ensayadas, ahora exhibían cuadros pintados por niños del orfanato, cada uno representando un sueño de libertad. El jardín, que había sido un lugar de abandono, florecía con una profusión de vida: jazmín blanco que perfumaba