Pasé la noche en un hotel barato cerca del puerto, con el sonido de los barcos de Estambul como única compañía. No podía rendirme. Dante me había echado, sí, pero no iba a permitir que Elias Thorne ganara esta partida usando mi nombre como moneda de cambio.
Recordé algo que Elias mencionó en el café: "Los escoltas que te seguían... no solo te cuidaban, también hablaban".
Elias no solo me había seguido; había sobornado a alguien dentro del círculo de seguridad de Dante. Si lograba descubrir quié